Tardamos un poco en ponernos de acuerdo para ver si publicabamos o no esta historia, en realidad es sólo la introducción, esperamos pronto poder seguir con ella. Esperamos sea de su agrado, sino, las críticas, siempre y cuando sean constructivas nos ayudaría mucho para perfeccionarnos, saludos.
Epilogo
Tanaur era un pueblo que se encontraba en un valle rodeado por un lado de un bosque tupido y por el otro los riscos del mar del norte, su oleaje era intenso, demasiado peligroso y frió para arriesgarse a nadar en él. El Rey Alexandro de Tanaur vivía tranquilamente en su castillo sobre la colina que daba al valle, sus súbditos lo apreciaban por su benevolencia y su forma de dirigir y mantener a su pequeña monarquía. El príncipe Roghar había desaparecido en el desierto con sus tropas, durante años el rey espero la llegada de su heredero, pero las esperanzas lo abandonaban y volcaba todo su amor y cariño a su hija, Rosalline.
Taraneh era una joven callada que vivía con su abuelo Cheche, el hechicero, como muchos lo llamaban, Taraneh había heredado esta cualidad de su abuelo y su vida estaba volcada a aprender todo lo que el anciano le enseñaba. Pero Cheche estaba siendo aquejado por una enfermedad lenta, pero dolorosa, los brebajes preparados con tanto esmero por su nieta sólo servían para aliviar el dolor unos momentos. La gente la miraba con cierto recelo, su carácter era duro, inflexible y no hablaba ni saludaba a nadie en el lugar, su voz casi no era conocida, muchos habitantes del pueblo murmuraban que la chica era muda, sólo Cheche sabia que ella poseía una lengua inteligente y venenosa para quienes la intrigaban. (más…)
Sus castaños y largos cabellos volaban con la brisa marina mientras que sus ojos vagaban por el horizonte que se teñía de múltiples tonalidades azulinas. Apretó sus dedos alrededor de la rueda de gobierno. Era el capitán, el capitán del Perla Negra… los plazos se cumplían.
Se removió inquieto en su puesto y afianzó su gastado sombrero de tres alas en su cabeza. Estaba nervioso. Deseaba con todas su fuerzas salvar la vida, pero ella, ella… sabía que a estas alturas ya debía ser la “señora Turner”, pero… ¡Maldición! ¡Y aquella endemoniada brújula que se negaba a funcionar!.
Llamó a su segundo de abordo para que se encargara de dirigir la embarcación.
Bajó con pasos fuertes y decididos, estampando sus botas en las escaleras de madera, la cubierta relucía y la bandera negra con la calavera ondeaba orgullosa en el mástil principal.
Buscó una botella del ron más añejo de la bodega, extendió un mapa del mar caribeño que navegaban y alistó sus instrumentos
En algún punto de la velada la botella se acabó, llevándose su sentido común con ella. Condenó a todos los dioses y los increpó, ¡esto no podía pasarle a un pirata! ¡Jack Sparrow no debería haber conocido jamás el amor!. Los recuerdos de sus cabellos ondulados y rubios volvían a su cabeza con tanta fuerza que podía sentir sus manos acariciándolos. Resopló furioso consigo mismo.
Desde hace días que sabía el peligro que lo acosaba, David Jhones lo perseguía, el plazo había terminado y seguramente mandaría al “Kraken” por él… si al menos hubiese podido besarla… ¡demonios, Jack!.
Los días pasaron y su vida, como siempre, estuvo bajo peligro mortal, ninguna novedad; lo nuevo fue encontrar a Will y la inaudita historia que le contó. Debía entregar su brújula por ella… (más…)